Parábola de los retornos

Publicado: Miércoles, 14 Septiembre 2016

parabola dos hijosEl padre de la parábola tenía dos hijos.

El hijo mayor era un pendón de procesión, el pequeño un pendón de taberna. Con los dineros del padre, el pequeño se marchó por ahí. Terminó comiendo algarrobas. Las algarrobas mal digeridas le endulzaron el corazón.

Volvió a casa con el endeble arrepentimiento de los débiles.

El padre le esperaba y le vio llegar desde lejos.

Para la fiesta del retorno mataron un novillo cebado. El hijo mayor murmuraba por lo bajo, pero se sentó a la mesa. El novillo cebado sabía a perdón.

A la mañana siguiente los dos mozos fueron a trabajar, sin hablarse demasiado. Por cada surco que abría el pequeño, el mayor hacía tres. Al caer el día, el mayor se dedicó todavía a limpiar las bestias del establo, mientras el pequeño no tenía ya fuerzas para nada.

Así fueron pasando los días. El mayor hacía lo de siempre. El pequeño estaba inquieto. Marchaba al atardecer y volvía tarde oliendo a vino.

Un día desapareció. Había vuelto a las andadas.

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